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Investigadores de Stanford concluyen que la blandura de un embrión puede indicar su viabilidad

Embryo

Un equipo de bioingenieros y médicos ha concluido que la blandura de un óvulo que lleva una hora fertilizado puede predecir su viabilidad, una métrica que puede llevar a embarazos por FIV más seguros y exitosos.

De Bjorn Carey

Seleccionar al embrión fertilizado correcto para una fertilización in vitro (FIV) puede ser tan sencillo como elegir una fruta madura: solo hay que apretarlo. Si está demasiado firme o demasiado suave, es posible que no sea bueno. El punto ideal justo en medio es el apropiado.

Un estudio nuevo realizado por bioingenieros y médicos de la Universidad de Stanford reveló que medir la rigidez de un óvulo que lleva una hora fertilizado puede predecir su viabilidad de manera más precisa que los métodos actuales en esta etapa temprana. La técnica, publicada recientemente en Nature Communications, tiene el potencial de aumentar enormemente la tasa de la FIV de un solo óvulo y, por consiguiente, podría mejorar el pronóstico tanto para madres como para bebés.

La revisión de embriones de FIV actual es un procedimiento relativamente cualitativo. Los científicos empiezan fertilizando al óvulo con un espermatozoide. Cinco o seis días después, una vez que el embrión ha llegado a la etapa de 60 a 100 blastocistos, los científicos evalúan la morfología del embrión y la tasa en la que se han estado dividiendo las células. Luego se seleccionan para transferencia los embriones que se vean mejor y que se han estado dividiendo a la "mejor" tasa.

Pruebas de embriones squishy

Arrancar algunas células del blastocisto para realizar pruebas genéticas puede aumentar las posibilidades de elegir un embrión exitoso. Sin embargo, este procedimiento invasivo puede provocar estrés en el embrión, aunque la muestra se toma de células que al final formarán la placenta.

En cualquier caso, los resultados siguen siendo inciertos, y la tasa aproximada del 70 por ciento significa que los doctores normalmente implantan varios embriones en la matriz de la madre con la esperanza de que uno prevalezca. A menudo esto puede generar complicaciones.

"Muchos gemelos nacen porque no sabemos qué embriones son viables y qué embriones no, así que transferimos varios a la vez", comentó Livia Yanez, una de las autoras principales del estudio y estudiante de doctorado en bioingeniería en el laboratorio de David Camarillo en Stanford. "Esto puede aumentar el riesgo de la mortalidad neonatal y provocar complicaciones para los bebés y las madres".

"Queríamos desarrollar una prueba mecánica que pudiera determinar la viabilidad del embrión lo suficientemente bien para que los doctores pudieran implantar solo un embrión y tener un buen presentimiento de que sería viable", comentó sobre el trabajo, que estuvo financiado por una subvención inicial de Stanford Bio-X.

Al seguir un consejo de el director del laboratorio de FIV de Stanford, de que algunos óvulos son más blandos más que otros, los investigadores empezaron a averiguar si esto tenía algo que ver con el potencial de desarrollo final del óvulo fertilizado.

Con una pipeta, los investigadores aplicaron una cantidad pequeña de presión a óvulos de ratón una hora después de la fertilización y registraron qué tanto se deformaba el óvulo. Colocaron los embriones en un líquido estándar propicio y los reexaminaron en el estado de blastocistos. Era más probable que los óvulos que habían proporcionado un cierto grado de "resistencia" en la etapa más temprana produjeran embriones con aspecto sano y simétricos en el estado de blastocistos. Los investigadores incorporaron estos datos en un modelo informático predictivo que, solo con base en la blandura del óvulo después de la fertilización, ahora puede predecir con un 90 por ciento de precisión si un óvulo fertilizado se convertirá en un blactocisto bien formado.

Luego, transfirieron los embriones a las madres ratón. Los embriones que fueron clasificados como viables por su blandura fueron el 50 por ciento más propensos a resultar en un nacimiento vivo que los embriones que fueron clasificados como viables con técnicas convencionales.

"Aunque el cáncer y otras enfermedades implican tumores o tejidos rígidos, nuestros colegas se han sorprendido de que podemos obtener tanta información con esta sencilla prueba mecánica", comentó Camarillo, una profesora adjunta de bioingeniería en Stanford. "Sigue siendo sorprendente pensar que con simplemente apretar un embrión el día que fue fertilizado puedas saber si sobrevivirá y al final se convertirá en tu bebé".

Los investigadores repitieron el experimento con óvulos humanos fertilizados y encontraron que la evaluación de la rigidez podría predecir con un 90 por ciento de precisión si un embrión llegaría a un estado de blastocisto sano. Se están preparando para hacer la prueba de viabilidad en pacientes de FIV.

Los investigadores siguen buscando por qué la blandura de un óvulo fertilizado puede proporcionar información tan valiosa. Hasta ahora, han concluido que en los embriones humanos que eran demasiado firmes o demasiado suaves, los grupos de genes que desempeñan papeles clave al reparar el ADN, gestionar la división celular y alinear los cromosomas durante la replicación fueron subexpresados o estuvieron mal expresados. Además, encontraron un gen subregulado que está vinculado con el endurecimiento del óvulo, lo que normalmente ocurre después de que el espermatozoide penetra al óvulo para evitar que otros espermatozoides entren. Esto podría revelar el por qué los embriones no viables fracasan, comentó Yanez.

"Desde una perspectiva clínica, una vez confirmado, el beneficio es inmenso ya que podría darnos un indicador de la viabilidad del embrión en un abrir y cerrar de ojos, y a partir de esa información, podemos manipular el ciclo de la paciente para incrementar el éxito", comentó Behr, profesor de obstetricia y ginecología en el Centro Médico de la Universidad de Stanford y coautor del estudio. "Es un trabajo muy emocionante y me alegra ser parte del mismo".

Los demás coautores del estudio incluyen a Jinnuo Han de la Escuela de Medicina de Stanford y a Renee Reijo Pera, quien anteriormente trabajaba en la Escuela de Medicina de Stanford y ahora trabaja en la Universidad Estatal de Montana.

Reimpreso con permiso de Stanford News Report

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